jueves, 29 de enero de 2015
domingo, 11 de enero de 2015
Culturas como tribus urbanas
Culturas y subculturas
Las subculturas como tribus urbanas son más comunes en las grandes urbes o metrópolis, donde la complejidad y el inmenso tamaño de la ciudad y la sociedad crean una sensación de alineación o aislamiento del nivel individual. Esto en efecto puede conducir a la formación (oficial o no oficial) de tribus urbanas cuyos miembros están unidos bajo un conjunto de características, pensamientos, modas e intereses comunes para formar una comunidad relativamente pequeña, pero con identidad propia.
Formar parte de una tribu urbana consiste en buscar en los congéneres modos de pensar y de sentir similares a los propios, compartiendo una cultura urbana, sin ser necesariamente conscientes de ello. El placer de pertenecer a una tribu urbana proviene de la suspensión de la exigencia de adaptarse a un universo adulto o social y a sus reglas de pensamiento y de conducta.
Influencia de las tribus urbanas en la globalización de la cultura
De una forma u otra, todos formamos parte de una tribu. Todos nos englobamos en un determinado grupo social en el que hemos crecido: un barrio, una clase social, una familia, un equipo de fútbol. Así han nacido todas las “microculturas” urbanas que pueblan el mundo occidental y así se suceden unas a otras.
Las innovaciones tecnológicas han beneficiado y enriquecido la relación entre apasionados por “algo” desde una punta del planeta a la otra, así como la aparición de nuevas tribus. Heavys, neo-hippies, metaleros, otakus, frikis, góticos, raperos...
Frente a este fenómeno, la opinión pública ha mostrado un creciente nivel de preocupación, pero no se cuenta -en este momento- con una batería interpretativa de la problemática que contribuya a caracterizar y entender en profundidad el suscrito fenómeno.
En ese sentido, las escasas aproximaciones a este tipo de actitudes juveniles provienen –generalmente- del discurso dominante que existe en torno a estos grupos, vale decir, de las indagaciones policiales o de los medios de comunicación, donde la tendencia es rotularlos bajo el estigma de la delincuencia, la drogadicción, la violencia y las bandas juveniles.
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